Hay segundos, en algunos días que los pensamientos fluyen y no tengo un papel donde plasmarlo. Y cuando es urgente, cuando ya duele, acá caigo.
Y hay algo adentro que todavía no puedo soltar. No sé cómo.
Nunca me tocó elegir matar un amor. Hasta ahora. Hace un tiempo. No tanto.
Matar.
Y cómo puede uno elegir eso? No sé cómo.
Hay tristezas muy profundas, de las que despiertan con sólo un gesto y te hunden en las angustias inspiradoras, y te convences de tus elecciones y de sus consecuencias. "Porque así tenía que ser." Y por eso creo que cuando uno es (está) por momentos realmente feliz, no tiene la necesidad de decirlo. La felicidad (como estado intermitente) no te inspira, no te libera.
En algún momento, en alguno de esos segundos, podré, sabré cómo liberarme.
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