miércoles, 11 de noviembre de 2020

EN JUNIO, UNA VEZ... CASI

Hoy estuve apunto de no contener el impulso de escribirte, 
de mandarte un mensaje real.
Un "Hola, ¿cómo estás? tanto tiempo..." 
Hoy me moría de ganas de buscarte y de poder encontrarte. 
Todos los recuerdos volvieron a mi mente, 
todas las conversaciones que había dejado a voluntad, 
guardadas en un cajón bajo llave. 
Por sobre todas las cosas, tu despedida:
"Ya no tengo nada para decirte" 
"tantas cosas aprendí con vos..." 
"sé que no te voy a buscar nunca más 
y le doy final a esta parte de mi vida, 
hasta siempre, Mujercita..." 
y por esto último desistí de volver a vos. 
Te dejé ir hace muchos años y cómo verás, 
no dejo de llamarte con el pensamiento 
deseando que algún día la famosa ley de atracción 
haga acto de presencia en esta historia. 
Porque yo no supe ser egoísta, 
no supe pedirte que no te fueras. 
Quise que encontraras tu camino lejos del mío. 
Te quería pero no podía darte lo que necesitabas, 
no era yo tu destino. 
Eso lo supe siempre. 
No nos toca ser en esta vida, aunque nos hayamos rozado 
y eso haya dejado esta marca que no se borra y que me quema. 
Que siempre me va a quemar. 
(Y aunque arda, admito que te extraño.
Siempre.)

No hay comentarios: