Me despertaron tus caricias en mi espalda,
pero no abrí los ojos.
Dejé que tus manos recorrieran mi cuerpo,
sintiendo tu calor al tacto.
Tus dedos danzaban y se demoraban ahí,
donde mi espalda llegaba a su fin.
No te veía pero sabía que sonreías.
Entonces ya no fue mi espalda lo que tocabas,
y abrí los ojos.
Pero ya no estabas.
Siempre es igual, jugás y te vas.
Me quedo esperando otra noche más,
tratando de manipular a mi subconsciente
para que te traiga a mí en otro sueño más.
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