23 de Marzo de 2020
A vos,
En estos días que todo se potencia porque la rutina se ve alterada por cosas que no puedo controlar, desearía poder hablarte. Poder escucharte. No sé si lograrías tranquilizar mis pensamientos apocalípticos, hoy pareciera que todo inevitablemente va a morir. Tu recuerdo sin embargo está más vivo que ayer. No puedo imaginar conversaciones porque no nos puedo imaginar ya siendo lo que fuimos. No sé cómo sos. Ya no sé cómo soy. Vos sabías ser por los dos. Te reirías de mí... Tratarías de hacerme bien, sin pensar que mañana el mundo va a seguir igual de roto. Igual de ajeno a nosotros. Si pudiera marcar tu número y escuchar tu voz, todo parecería menos trágico. Me dirías que no tengo motivos para sentirme como me siento, que yo puedo transitar este camino siendo lo que soy, porque a tus ojos no había nada que yo no pudiera pretender de la vida. Me inflabas el autoestima para que pudiera flotar en mis miserias sin ahogarme. Siempre vos salvándome. Nunca supe que te di para que estuvieras ahí incondicionalmente. A veces pienso que te exprimí tanto que ya después no te quedó nada. Eras mi sostén y yo de alguna manera era el tuyo, aunque aún hoy no entienda muy bien cómo. Por eso cuando te fuiste (y dejé que te fueras), esperé a que volvieras. Pero eso nunca sucedió. Pusiste el punto final y el silencio cayó sin que pudiera, siquiera, arrepentirme de todo lo que no dije. Todo lo que queda expuesto en este rincón, con la esperanza de que algún día lo leas.
A veces las personas que pasan fugazmente por nuestra vida son las que más adentro se quedan. Así que, si tengo que ser coherente con mis palabras, nunca te fuiste.
xxx
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